Parar no es estancar

La preocupación constante sobre una paralización que quiebre la comunicación con el gobierno o que pause el estudio universitario por manifestarse respecto a la injusticia chilena, representa un claro malentender del entorno político-social de nuestros tiempos, porque manifestarse es consecuencia de la deficiencia comunicativa estatal y su pobre desempeño en aspectos económicos, sociales y educacionales.

Es solidario e imperativo acompañar y representar al estudiante que puede verse afligido por estas políticas, incluso si no fueran estudiantes de la universidad. Abogar públicamente por el bienestar chileno es crucial para el desarrollo de los ciudadanos y de la universidad. No debemos alienarnos o encerrarnos en una «burbuja» respecto a nuestra situación nacional. 

Resulta pertinente cuestionarse qué es lo que hacemos o aportamos, teniendo en cuenta nuestra posición privilegiada y alcance como alumnos. Tratar de manera confrontacional esta deficiencia de nuestra universidad termina en sectores individualistas y toman una defensiva del estilo: «Un Chile paralizado no prospera». Esto polariza a los estudiantes, así que, nos es mejor justificar la paralización y movilización desde otra posición. 

En primer caso, ¿realmente afecta en la vivencia de este sector que se apruebe o no estas paralizaciones? La respuesta es un no por una razón muy puntual: los paros universitarios son simbólicos. Por lo mismo, solo se adhieren y participan activamente aquellas facultades que apoyan la moción.

Segundo caso, fuera a afectar a este sector una movilización, paralizando las clases por un día, ¿cuál es el diálogo que se trata de cuidar que es quebrado? Se suele hablar de lo perjudicial que puede ser una paralización, pero en la experiencia general del estudiante de la universidad, las complicaciones que lo aquejan no se han visto solucionadas y, por tanto, el diálogo existente no ha sido funcional o simplemente no existe. Si el diálogo funcionara, ¿por qué habría manifestaciones?, ¿por qué habría paralizaciones?, ¿por qué hay un disgusto general por la situación socioeconómica del país?

No es exagerado cuestionar estos temas y el por qué existe una oposición a las movilizaciones, que es pequeña en su cantidad, pero considerable en su intensidad e influencia. ¿No son finalmente dañinas estas perspectivas antiprotestas para el avance en derechos sociales y estudiantiles? Considerando el rol antagonista que presentan frente a una gran cantidad de movimientos pro estudiantado, no es alejado de la realidad decir que sí.

Hay que considerar lo importante que es mantener estas discusiones presentes y que las posiciones respecto a estas tengan coherencia con los principios por los que dicen regirse o abogan. Movilizarse y apoyar paralizaciones no representa más «daño» que las causas reales por las que estas son provocadas. Si los estudiantes observan que están siendo conducidos a una trayectoria perjudicial para ellos o sus cercanos, es racional paralizarse y querer movilizarse hacia una trayectoria mejor. Parar no es estancar, es detenerse a pensar antes de hacer.

Benjamín Solar Vidal

Estudiante de Ingeniería.

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