“Dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”, Albert Schweitzer.
El abismal dominio izquierdista en la política universitaria y la débil presencia de la derecha manifiestan una preocupación constante para quienes somos parte de este sector político. La situación da pie a un cuestionamiento recurrente sobre cuál es la deficiencia que nos ha dejado durante tanto tiempo fuera del juego en las federaciones estudiantiles.
Creo profundamente que el dilema no recae en un carácter de intencionalidad o falencia de una estrategia definida. El problema yace en el sentimiento dominante detrás del método y la apreciación de los alumnos. Mientras las izquierdas están en terreno, entregadas a la vida estudiantil y presentes ante los problemas más particulares, los guzmanianos estamos concentrados en la elocuencia y racionalidad del discurso, en centrar el esfuerzo en nuestros propios asuntos y viviendo la política universitaria desde los mismos movimientos.
Hay una clara distancia percibida de nosotros hacia lo que es la realidad dentro de los campus y esa es la principal diferencia con el adversario.
En una entrevista con El PUClítico, Borja Yáñez afirmó: “La FEUC tiene un brillo que ya no luce”. Ciertamente, las federaciones presentan una progresiva pérdida de identidad y dirección, pero mientras seguimos pensando que un voto es producto de las mejores ideas y propuestas, el adversario, sin tener coherencia en gran parte del discurso, continuará imponiéndose y cerrándole todo espacio a la derecha.
Corresponde reconocer el vacío que hemos generado y nuestra incapacidad para suplirlo. Nuestro ineludible carácter racional, la falta de conexión, cercanía y la ausencia de empatía real nos alejan de generar una lectura adecuada para desarrollar una propuesta representativa.
Aquellos que tienen como baluarte a Jaime Guzmán y se esfuerzan arduamente en seguir su legado y visión de sociedad, parece que han dejado de lado uno de los pilares fundamentales en su influencia e impacto: su cercanía e interés genuino, casi espiritual, por el desarrollo pleno de la vida del prójimo y su convicción de que los vínculos reales y profundos son la piedra angular de toda una visión de mundo.
No cabe duda que la intelectualidad de Guzmán es su gran sello, pero es necesario valorar detenidamente las cátedras de humanidad, humildad y liderazgo que lo caracterizaron. Su disposición a difundir sus ideales personalmente, su genuina vocación de servicio y su capacidad de articulación, son la principal razón del alcance de su visión. No solo fue un gran pensador, sino también una persona empática y cercana que creía en los vínculos reales, atento incluso a las preocupaciones más pequeñas.
El déficit en estos ámbitos nos ha alejado de la capacidad de vincularnos genuinamente con los alumnos. El estudiante no es solo un número, sino una persona que desea sentirse escuchada y parte de la comunidad. Esta labor no se circunscribe solo a los períodos de campaña o al voluntariado semanal, sino que debe ejercerse de manera constante e integral, como un auténtico estilo de vida.
El verdadero impacto surge cuando se vive genuinamente, de manera coherente y con humildad lo que se predica y que debe ser transmitido a través del ejemplo, donde las acciones hablan más que las palabras. De este modo, ganar un voto es consecuencia del trabajo bien hecho y no el objetivo que lo motiva.
Nuestra labor es vincularnos e involucrarnos como primer paso para lograr una verdadera empatía de forma tangible y evidente: actuar con la voluntad y el coraje necesarios para expresar nuestras convicciones sin vacilar, con la certeza de que aquello será ejemplo e inspiración, aun cuando sea desde la soledad de la abrumadora impopularidad.
Tomás Sastre
Estudiante de College de Ciencias Sociales




