Viernes de prejuicio

Estimada directora: Es viernes, hora de almuerzo y de misa. Entro al templo y, a mi lado, hay alguien con un llamativo polerón morado. Al terminar la misa y después de calentar mi comida, noté que aquella persona estaba sola —igual que yo—, por lo que decidí ir y preguntar si podía sentarme a su lado. Después de una respuesta afirmativa, comenzamos a hablar.

Todo iba bastante bien hasta que dije que estudio Ingeniería Comercial. No muy entusiasmada con mi respuesta, ella contestó: “Ah, yo no hablo con esa gente…”. Y la verdad, yo tampoco hablaría con los estudiantes de mi carrera, si tuviera la percepción que ella —y muchos— tienen sobre nosotros.

Algunos creen que solo nos interesa la plata y otros se mofan de que nuestro título incluya la palabra “ingeniería”, pero la verdad es que el dinero no es lo único que nos importa. Se nota en los proyectos que han surgido desde nuestra facultad —como La Obra o Miradas— y en los estudiantes que participan como voluntarios en otras instancias. Asimismo, a nadie que conozco le interesa la palabra “ingeniería” y la gran mayoría de nosotros simplemente decimos “comercial”.

Ojo, no digo esto solamente para defender a los tan odiados ingenieros comerciales. Sino que, para evidenciar lo absurdos que pueden ser algunos juicios que armamos a partir de ideas generalmente equivocadas, llevándonos a la polarización o a la exclusión de ciertos grupos. Porque, si bien algunos tipos de exclusión son más graves que otros, todos ellos van de la mano con la marginación y discriminación.

Los invito a salir, dejarse incomodar y poner en jaque nuestros prejuicios, atreviéndose a mirar desde el corazón, con comprensión y amor. Como escribió el Papa Francisco: “No alcanzamos nuestra humanidad plena si no salimos de nosotros mismos, y no llegamos a ser enteramente nosotros mismos si no amamos” (Dilexit nos, 59). En tiempos donde reina la polarización y el prejuicio, se necesitan más hombres y mujeres con corazones abiertos, que con valentía estén dispuestos a derribar las paredes de la indiferencia y los estereotipos para tender manos y construir puentes.

Lucas M. Roble P.

Estudiante de Ingeniería Comercial

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