¿Cuánto pesa realmente un pacto cuando una de las partes lleva once años sin ganar? Esa pregunta debería rondar tanto al Movimiento Gremial (MG) como a Solidaridad tras las asambleas de esta semana, donde ambos movimientos evaluaron por separado si irían juntos a las elecciones de la FEUC 2027. Que cada reunión se haya extendido por cerca de tres horas dice que la discusión no fue un trámite, sino un debate real sobre qué tan conveniente es, para cada lado, sumarse al otro.
Lo interesante y lo que más dice sobre el estado real de la negociación es la asimetría en cómo se manejó públicamente el resultado de esta. Mario Edwards, presidente del MG, salió a declarar el encuentro como «bastante provechoso» y a reafirmar que se buscará «lo que es mejor para la UC y el país». Solidaridad, en cambio, guardó silencio. Esa diferencia de tono no es una casualidad. Quien necesita más el pacto, suele ser quien primero sale a defenderlo en público.
Porque, seamos sinceros, un pacto entre estos dos movimientos no sorprendería a nadie ideológicamente. Ambos comparten un sector afín dentro del espectro político. La pregunta no es si podrían ir juntos, sino si les conviene, y ahí los números incomodan al MG más que a Solidaridad.
El gremialismo no gana la federación hace once años, mientras que Solidaridad lo logró hace apenas dos elecciones. Desde la vereda gremialista, un pacto puede leerse como la oportunidad de lanzar por fin una candidatura seria y competitiva, algo que revitalizaría la participación estudiantil al ofrecer una alternativa real para disputar la federación. Pero desde Solidaridad, la pregunta es la inversa: ¿tiene sentido cargar con un socio sin triunfos en más de una década, cuyo voto objetivo es, hoy, desconocido? Si el MG no llega con un piso de votos claro, el pacto puede terminar sumando costos de negociación sin sumar fuerza real en las urnas.
A eso se suma el desafío, no menor, de fusionar dos identidades con trayectorias propias, negociar liderazgos, definir quién encabeza la lista y acordar un proyecto que ambos movimientos puedan respaldar sin sentir que pierden su sello. Los «reparos» desde Solidaridad probablemente apuntan justo a eso.
Con la decisión esperada para esta semana, lo que está en juego no es solo si habrá una lista conjunta. Es si Solidaridad está dispuesta a compartir algo que ganó sola y si el MG llega a esa mesa con algo más que ofrecer que once años de espera.
Diego Montenegro
Estudiante de Comunicaciones






