El pasado 9 de septiembre se publicó el polémico anuncio de la marca Novig, una app de apuestas deportivas, en el que aparece Sydney Sweeney utilizando implementos de diferentes deportes sin ropa. El hecho generó mucho debate en redes sociales, principalmente críticas hacia la actriz por prestarse para este tipo de publicidad. Pero responsabilizar únicamente a la actriz sería ignorar el problema de fondo: hay todo un equipo detrás de este anuncio y ninguno se detuvo a pensar en la lucha constante de las mujeres por hacerse un espacio en el deporte. ¿Por qué, cuando hablamos de mujeres en el deporte, seguimos poniendo su cuerpo por encima de su talento?
En el mundo deportivo no siempre se mira a hombres y mujeres de la misma manera. Mientras que el rendimiento y el esfuerzo detrás de una competición suelen ser lo que se destaca en los hombres, las deportistas todavía tienen que enfrentarse a una atención desmedida sobre su apariencia. Un caso cercano es el de Beatriz López, jugadora de voleibol de Colo-Colo, quien durante un partido contra Universidad Católica fue objeto de gritos y gestos relacionados con su físico.
Sin embargo, este tipo de cuestionamientos no se limita a burlas. En los Juegos Olímpicos de París 2024, la boxeadora argelina Imane Khelif ganó una medalla de oro en la categoría de 66 kilos, pero la atención no estuvo centrada en su logro, sino en una serie de cuestionamientos sobre su sexo y su elegibilidad para competir en la categoría femenina. Incluso circularon afirmaciones falsas de que era trans, a pesar de no existir pruebas de ello, y el Comité Olímpico Internacional (COI) confirmó que cumplía con los requisitos para competir.
Son situaciones distintas, pero ambas muestran una misma realidad. El cuerpo de las mujeres deportistas sigue siendo un tema de discusión, muchas veces desplazando lo verdaderamente importante: el esfuerzo, la dedicación y el talento que hay detrás de cada deportista.
Es importante distinguir entre libertad y sexualización. Sydney Sweeney tiene el derecho de decidir cómo mostrarse y, si así lo desea, participar en una campaña publicitaria. El problema no está en que enseñe su cuerpo, sino en cómo la publicidad decide utilizarlo para vender un producto. En este caso, se muestra a una mujer desnuda utilizando diferentes implementos deportivos y representando distintos deportes. ¿Representa realmente a una deportista?
Resulta difícil hablar de una campaña que busque representar a la mujer deportista cuando utiliza el cuerpo femenino como principal recurso para captar la atención. Mientras millones de mujeres luchan por ser reconocidas dentro del deporte en igualdad de condiciones, una publicidad como esta parece reforzar justamente aquello de lo que muchas intentan escapar: que su cuerpo sea valorado antes que su talento.
Al final resulta contradictorio que una aplicación de apuestas deportivas utilice la imagen de una mujer desnuda para promocionar su producto mientras se presenta vinculada al mundo del deporte. Novig no solo decidió utilizar el cuerpo femenino como recurso publicitario, sino que perdió la oportunidad de representar un espacio que durante años ha luchado por reconocer a las mujeres por su talento, esfuerzo y rendimiento. Las empresas tienen responsabilidad sobre los mensajes que transmiten y esta campaña demuestra que todavía existe una mirada que reduce a las mujeres deportistas a su apariencia.
El deporte merece ser representado por lo que realmente significa: esfuerzo, disciplina, competencia y talento. El cuerpo de una deportista puede estar en la cancha, en el ring o en la pista, pero cuando se trata de reconocer lo que una mujer es capaz de hacer, su cuerpo debería estar en la banca.
Isabella Gore Maclean
Estudiante de Derecho






